Siempre me ha llamado la atención que la lucha de igualdad de género tiene el estigma de ser una lucha de las mujeres. Por supuesto que en cuanta campaña ha existido por la igualdad de género se apela también a los hombres, pero la mayoría de las veces se abordan las acciones desde el beneficio para las mujeres, exclusivamente.

No he visto con claridad que se hable de un beneficio hacia los hombres con la equidad de género. Siempre parece que la igualdad se trata como algo ético: “es lo correcto a hacer” y por supuesto que lo es, pero creo que este cambio nos beneficia a todos de manera intrínseca.

Y ahí es donde entra la cosa turbia, porque la igualdad de género, desde mi lado como hombre, se percibe como si consistiera en “ceder” cosas. Dejar que las mujeres voten, dejar que trabajen, dejar que tengan un pago justo… Y así, el papel del hombre en esta “lucha”, pareciera como si para muchos se quedara en ser un actor solidario. Y no creo que por ahí vaya la cosa.

Yo quiero ser un actor, pero de los que necesitan el cambio. Creo firmemente que la igualdad de género me beneficia y la quiero, también por ello:

Yo también quiero y necesito igualdad de oportunidades en cualquier tipo de trabajo.
Yo también quiero y necesito acceso a más espacios y actividades sin que se me estigmatice: la cocina, mi casa, mis hijos…
Yo también quiero y necesito que no haya un único proveedor económico en el hogar.
Yo también quiero y necesito que haya más programas de apoyo para los hombres.
Yo también quiero y necesito espacios para hablar de mi masculinidad y cómo la sociedad me adoctrina al respecto.
Yo también quiero y necesito que las mujeres y otros hombres me perciban como su igual.
Yo también quiero y necesito que las personas con las que no tengo sexo, no les importe mi sexualidad.

Necesitamos el cambio, y no vamos a llegar muy lejos si la igualdad no la consideramos desde nuestra necesitad de participar, todos.

Palabras

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